Brincando al veganismo

Hace casi siete meses que empecé a ser vegetariana y los efectos en mi salud y en mi cuerpo han sido muy evidentes. Gracias a que dejé la carne y la leche me siento con más energía, más ligera, duermo mejor, y claro me alimento más sano.

Lo rico de ser vegetariana es que te vuelves mucho más consciente de lo que comes, aprendes a realmente comer bien, te vuelves más aventurera en probar otras cosas y también mucho más creativa a la hora de cocinar.

Pero ahora mi cuerpo me está pidiendo otro cambio y tengo que dar otro paso más. Sigo comiendo queso y yogurth por ejemplo, y mi estómago cada vez me gruñe más por las cosas que le echo encima. Así pues, a partir de hoy dejo todos los lácteos, y el consumo de pan y aceite al mínimo. Esto sí va a estar más un poco más difícil que dejar la carne, y no sé en dónde iré a parar, pero no puedo negarme a escuchar lo que mi cuerpo me dice.

Olivia durmiente

De unas tres semanas para acá me he estado durmiendo en todos lados. Caigo dormida en segundos. Ya sea que vaya en el camión, que esté en clases o en mi trabajo, de repente empiezo a cabecear y no puedo vencer el sueño que me entra. Incluso la semana pasada estaba grabando un cortometraje con mis compañeros y en un rato que me senté en el sillón mientras arreglaban unas cosas, caí dormida.

Me empecé a asustar, pues era casi a diario y no es normal. No traigo desveladas acumuladas, no ando cansada ni nada que me haga dormirme de tal forma. Me dijeron que traía narcolepsia. Sí. Narcolepsia. Esa palabrita rarísima. Se me quitó por unos días, pero ahorita otra vez ando con este sueño pegado a mis ojos. Ayer fui al cine y me empécé a dormir a mitad de la película.

Voy a ir a consultar de nuevo, pero empiezo a pensar que es por las pastillas que estoy tomando. Creo que no he dicho que después de las quimioterapias voy a seguir en tratamiento durante cinco años y tengo que tomar una pastilla diaria. Bueno, pues parece que esa pastillita es la que me está provocando este sueño. Si así voy a estar durante cinco años no sé que voy a hacer…

Cuatro piquetes y nada

Eran gruesas y fuertes. Otras eran suaves, flexibles. Pero todas se dejaban ver enseguida, presumiéndose a sí mismas. Ahora son delgaditas, frágiles. La que atraviesa la fosa del codo está tan dura que parece la cuerda de una guitarra. Mis venas se esconden, tienen miedo….

Ayer fui muy temprano al hospital a que me hicieran unos estudios para mi primera consulta después de haber terminado mis quimioterapias. Un examen de sangre, una radiografía y un eco del hígado. Nada del otro mundo.

El problema fue a la hora de sacarme la sangre. La enfermera me picó una vez y nada. Me buscó otra vena, me picó con la aguja y nada. Me buscó otra y tampoco. Como que se hundían. Desaparecían cuando entraba la aguja. Entonces le habló a otra enfermera para que le ayudara. Me buscaron otra vena… y nada. Tampoco quería. Y en el otro brazo (el derecho) no podían porque es el lado donde me operaron.

Total, tuvieron que picarme en un dedo para llenar gota a gota el tubito. Y ahora me quedaron unos moretoncitos chiquitos en el brazo. En dos meses tengo que hacerme otros exámenes, a ver si para entonces mis venitas ya están mejor.

Amo mis pelitos

Finalmente mi cabello ha empezado a salirme, ya traigo la cabeza llena de pelillos güeros güeros.

Me han dicho que después de someterse a quimioterapia el cabello crece diferente, que es mejor, más bonito, pero a mí nada de eso me importa. Amo a mi cabello tal cual era y ojalá así siga. En esta semana subiré una foto para que vean mis pelitos.

También me están creciendo ya en las piernas y las axilas, y esos sí me gustaría que no saliera ninguno, pero juro que hasta los veo con mucho amor. Son la muestra perfecta de que mi cuerpo ya se está recuperando, que está volviendo a la vida y eso pues claro que me pone muy contenta.

Mi brazo izquierdo todavía me duele cuando lo estiro y todavía siguen ponchadas mis venas, no sé cuánto tiempo tarden en sanar por completo, pero espero que sea pronto.

Mi nueva rutina

Ya me he recuperado de la famosa caída. Todavía me molesta un poco cuando me voy a acostar o paso mucho tiempo sentada, los asientos son muy incómodos en estos casos, pero ya dejé de caminar como pingüino, ya camino bien, con mi paso acostumbrado.

Obvio por la caída dejé de ir al gym, pero ya he vuelto, aunque como sigo lastimada solo hago ejercicios de brazos; y solo ejercicios ligeros para ayudarle a mi cuerpo a recuperarse más rápido de las quimioterapias, no quiero todavía exigirle mucho.

La semana pasada empecé mi segundo semestre y estoy adaptándome a mi nueva rutina de horarios. Ahora llevaré cinco materias en lugar de tres. El trabajo, igual que siempre. Todo vuelve a la normalidad poco a poco.

Lista para correr

Este año quiero hacer varias cosas que pensaba cumplirlas “algún día”. Aprender a nadar y a patinar por ejemplo, comprarme una bici, volver a salir de excursión, cosas así.

Quiero viajar un poco más, alimentarme mejor y hacer ejercicio. Pasar menos tiempo en internet y leer más, salir más con mis amigas/os e ir al cine cada vez que pueda. Todo eso y más.

Por lo pronto ya empecé con el ejercicio. La ida a McAllen la aproveché para comprarme tenis y pants y una maletita deportiva. Ya fui a inscribirme al gimnasio de la Uni que está en Mederos y busqué a la nutrióloga para que me dé una dieta y me ayude a recuperar los kilos que perdí en los últimos meses. ¡Ya estoy lista para correr!

Mi última quimio

Diciembre siempre ha sido un mes feliz para mi, al menos la mayor parte de mi vida. Junto con la Navidad, también cumplo años en este mes, por eso siempre lo he esperado con mucha emoción.

Sin embargo en mi vida adulta diciembre también ha sido un poco trágico. Mi papá y mi mamá murieron en este mes, con diez años de diferencia, y aunque en su momento fue muy doloroso, indirectamente a la larga me han traido paz y felicidad. Sus ausencias han sido las catapultas para cerrar ciclos en mi vida y pasar de forma abrupta a otra etapa.

Después de morir mi papá por ejemplo, hace doce años, asumí abiertamente mi homosexualidad, que también la “descubrí” de repente. Fue como caerse una venda de mis ojos y poder ver lo que siempre había estado ahí. Pero ese proceso llevó su tiempo, sus días, semanas y meses.

De mi mamá, pues apenas han pasado dos años y no dejo de pensar en los “hubieras” de mi vida si ella no hubiera muerto. De entrada no me hubiera venido a Monterrey y seguramente tampoco me hubiera dado cuenta de que yo tenía cáncer. Y así sucesivamente. Pero cuando pienso en eso también pienso que estoy aquí y ahora. Y que debo disfrutar lo que tengo en lugar de atormentarme por lo que quizá “hubiera” pasado.

Hoy justamente, 5 de diciembre, mi mamá cumple dos años de que se fue y la fecha me hace pensar en muchas cosas, porque hoy también es mi última sesión de quimioterapia.

Y me tengo que ir ya, porque tengo el tiempo justo para llegar al hospital. Ya desayuné muy bien, porque estaré varios días sin poder comer; y voy bien abrigada, porque ahí adentro en la sala de quimios hace mucho frío. Estaré varios días out, en reposo total. Disfrutando del frío decembrino y de poder estar en casa; y de haber terminado con esto por fin….