Brincando al veganismo

Hace casi siete meses que empecé a ser vegetariana y los efectos en mi salud y en mi cuerpo han sido muy evidentes. Gracias a que dejé la carne y la leche me siento con más energía, más ligera, duermo mejor, y claro me alimento más sano.

Lo rico de ser vegetariana es que te vuelves mucho más consciente de lo que comes, aprendes a realmente comer bien, te vuelves más aventurera en probar otras cosas y también mucho más creativa a la hora de cocinar.

Pero ahora mi cuerpo me está pidiendo otro cambio y tengo que dar otro paso más. Sigo comiendo queso y yogurth por ejemplo, y mi estómago cada vez me gruñe más por las cosas que le echo encima. Así pues, a partir de hoy dejo todos los lácteos, y el consumo de pan y aceite al mínimo. Esto sí va a estar más un poco más difícil que dejar la carne, y no sé en dónde iré a parar, pero no puedo negarme a escuchar lo que mi cuerpo me dice.

Recibiendo el equinoccio

Ayer a las 17:21 horas fue el equinoccio de primavera. Coincidentemente, esta vez la Luna llena estuvo en la entrada del equinoccio, lo que se supone produjo un derrame extra de energía. Ya desde el sábado por la noche se dejó ver esta Luna, mucho más grande y más brillante de lo habitual. Yo intenté tomarle algunas fotos pero el lente de mi cámara no tiene tanto zoom y no salieron bien.

Este año, por primera vez en mi vida quise recibir el equinoccio y tenía ganas de ir a Teotihuacan, pero no pude ir y me fui a Chipinque, un cerro que es a la vez un parque ecológico y los fines de semana los regios acostumbran ir a subirlo y hacer ejercicio. Con mis botas de campo, ropa verde para estar a tono con la naturaleza, mi cámara y toda la buena vibra del mundo, me lancé pues al cerro junto con una amiga.

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2011: Un año para comenzar de cero…

A principios de este año me salió una oportunidad de trabajo en otro lugar y prácticamente sin pensarlo acepté de inmediato y dejé el periódico en el que llevaba tres años trabajando. La incertidumbre económica pudo más que el buen ambiente laboral y me fui.

Pero también puede pasar al revés, como ahora, que un ambiente raro, por no decir que de mala vibra, una jefa impredecible, puede más que la seguridad económica. Así que despues de varios días de andarlo rumiando en mi mente, a poco más de nueve meses de estar aquí en este nuevo trabajo, decidí renunciar. Demasiado estrés, demasiado correr de un lado a otro todo el tiempo. Estoy cansada y quiero tranquilidad y no más.

Hoy 31 de diciembre ha sido mi último día de trabajo. Esta vez no tengo un trabajo que me esté esperando. Ni dinero ahorrado ni nada. Y sí estoy preocupada. He pasado dos o tres noches con insomnio. Pero es momento de dedicarme por fin a lo que me gusta hacer: la fotografía. Éste es mi sueño y es hora de que ya no sea un mero pasatiempo y que se convierta en un modo de vida. Es el momento de empezar a construir el sueño de mi vida y la vida con la que sueño.

Hoy empiezo limpiecita el año, con mucha paz y rodeada de amigas y un buen vino. Con muchas cosas por hacer. Dice el calendario chino que el 2011 será más tranquilo a comparación de este año del feroz tigre que ya se acaba.  Que será un nuevo comienzo y que hay proyectos que se pueden concretar. Y estoy convencida de que así será.

¡Bienvenido 2011! Te espero con ansias :)

Rompiendo la rutina

Desde hace meses he estado pensando que quiero hacer más cosas en mi trabajo. Me gusta lo que hago, pero ya caí en la rutina y no siento ningún incentivo ni hay ninguna novedad en el día a día. Todos los días son exactamente lo mismo. Y mi trabajo aparte de rutinario también puede ser aburrido, y es solitario, porque tengo que hacer todo de prisa y eso no deja mucho tiempo para platicar con alguien.

Mis únicos intercambios verbales son “hola”, “¡salud!”, “no, gracias”, “buenas tardes”, “hasta mañana” y cosas por el estilo. Y ya me aburrí. Quiero hacer más y siento que puedo dar más. Así que hablé directamente con mi jefe y le propuse que me manden a tomar fotos a los eventos o cualquier cosa que haya, aprovechando que estoy de vacaciones en la escuela. ¿Qué qué me dijo? Pues que sí, por supuesto. Como ahorita precisamente estamos sin reporteros aceptó encantado la idea.

Hoy ya tuve mi primera misión como fotógrafa, me levanté muy tempranito y fui toda contenta a cubrir la presentación de un proyecto empresarial en el Tec. Fue algo muy sencillo y rápido. Después regresé a mi casa a hacer de comer mientras llegaba la hora de irme al trabajo.

Claro que esto no me va a salvar de la rutina, seguiré cumpliendo mi horario normal, de hecho trabajaré más horas y por el mismo sueldo, pero al menos andaré en la calle haciendo lo que tanto me gusta y conociendo gente nueva. Para mi mala suerte se atraviesa el fin de semana, y yo ya estoy esperando con ansia que sea domingo para saber qué cosas nuevas voy a hacer o a dónde me van a mandar.

Clases de manejo

Me he comprado un carrito, uno de esos usados que anuncian en el periódico porque el dueño se quiere comprar un carro del año. Pero confieso que no sé manejar. Alguna vez en el DF un amigo quiso enseñarme pero sus buenas intenciones duraron apenas unas horas. Su falta de tiempo era el problema.

Así que en lugar de recurrir a mis hermanas o amigas que tienen carro y que pudieran enseñarme, pensé que lo mejor era buscar una escuela de manejo y aprender más rápido con todas las de la ley. Pues si no, mucho carro y no saber manejar, ¿pues cómo?

Hoy empiezo mi curso, no me dio tiempo de desayunar, vienen por mí en unos minutos. Ojalá que me toque una buena instructora. Está nublado y a lo mejor llueve, espero no regarla. Me siento nerviosa y emocionada.

Leyendo a Elena Garro

Como en los últimos meses prácticamente no he tocado ningún libro, hace cinco días me entró la desesperación por leer algo urgentemente y corrí a a La Ventana, que ya alguna vez dije que me gusta mucho ir ahí a comprar libros. Después de un rato salí con Inés, de Elena Garro; y Nadie me verá llorar, de Cristina Rivera Garza, este último que desde hace mucho le traigo ganas y casi casi se me puso enfrente para que lo comprara.

InésA estas alturas ya terminé con Inés, pero no quiero empezar el otro sin recomendarles este libro. Inés es una joven huérfana recién salida de un convento que se va a trabajar con su primo. Pero su encuentro con el mundo es radicalmente distinto a lo que había vivido hasta ese momento. De una casa virtuosa brinca a otra donde reinan el odio y la maldad.

No me gustan esas historias donde el mal triunfa y todo queda impune. Pero me gustó el libro, es una historia similar a lo que ahora vivimos en México, donde la violencia y el terror poco a poco nos está cubriendo por entero y, como Inés, parece que no tenemos escapatoria.

Cómprenlo y léanlo. Luego me cuentan si les gustó o no.

Mis ex-comidas favoritas

Desde que empecé con mi tratamiento médico he dejado de lado las pastas, las harinas, el pan y cualquier chuchería que antes me derretía la boca. Es decir, sí los como todavía, pero ya en cantidades muy muy bajas. Y no es nomás por querer comer puras cosas sanas, sino porque el mismo cuerpo me lo pide. Los famosos “antojos” que tenemos es porque en realidad el cuerpo requiere algo y nos lo pide creándonos una necesidad.

En mi caso, pues todo eso ya no se me antoja nada, siendo que antes me fascinaban las pastas. Había una ensalada de Super Salads que era mi favorita pero ahora sólo de pensar en ella me da asco.

Y los refrescos ni se diga. Diario me tomaba dos o tres cocas. Ahora nada. Ni una. Pura agua. Mis hábitos alimenticios están cambiando radicalmente.

is hábitos alimenticios están cambiando radicalmente.