Brincando al veganismo

Hace casi siete meses que empecé a ser vegetariana y los efectos en mi salud y en mi cuerpo han sido muy evidentes. Gracias a que dejé la carne y la leche me siento con más energía, más ligera, duermo mejor, y claro me alimento más sano.

Lo rico de ser vegetariana es que te vuelves mucho más consciente de lo que comes, aprendes a realmente comer bien, te vuelves más aventurera en probar otras cosas y también mucho más creativa a la hora de cocinar.

Pero ahora mi cuerpo me está pidiendo otro cambio y tengo que dar otro paso más. Sigo comiendo queso y yogurth por ejemplo, y mi estómago cada vez me gruñe más por las cosas que le echo encima. Así pues, a partir de hoy dejo todos los lácteos, y el consumo de pan y aceite al mínimo. Esto sí va a estar más un poco más difícil que dejar la carne, y no sé en dónde iré a parar, pero no puedo negarme a escuchar lo que mi cuerpo me dice.

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De lacio a chino

Como bien me habían dicho pero no creí que a mí me pasara, efectivamente mi cabello ahora es diferente. Me está saliendo medio chino y se me hace tan raro verme así.

Me gusta y me encanta tocármelo, pero es como la novedad, no dejo de vérmelo y tocarlo y tratando de acostumbrarme a él, pero no sé si es temporal o no. Me gustaba mucho mi cabello lacio y también me gusta chino. Si me dieran a escoger híjole, no sé que preferiría…

Mis ex-comidas favoritas

Desde que empecé con mi tratamiento médico he dejado de lado las pastas, las harinas, el pan y cualquier chuchería que antes me derretía la boca. Es decir, sí los como todavía, pero ya en cantidades muy muy bajas. Y no es nomás por querer comer puras cosas sanas, sino porque el mismo cuerpo me lo pide. Los famosos “antojos” que tenemos es porque en realidad el cuerpo requiere algo y nos lo pide creándonos una necesidad.

En mi caso, pues todo eso ya no se me antoja nada, siendo que antes me fascinaban las pastas. Había una ensalada de Super Salads que era mi favorita pero ahora sólo de pensar en ella me da asco.

Y los refrescos ni se diga. Diario me tomaba dos o tres cocas. Ahora nada. Ni una. Pura agua. Mis hábitos alimenticios están cambiando radicalmente.

is hábitos alimenticios están cambiando radicalmente.

Olivia durmiente

De unas tres semanas para acá me he estado durmiendo en todos lados. Caigo dormida en segundos. Ya sea que vaya en el camión, que esté en clases o en mi trabajo, de repente empiezo a cabecear y no puedo vencer el sueño que me entra. Incluso la semana pasada estaba grabando un cortometraje con mis compañeros y en un rato que me senté en el sillón mientras arreglaban unas cosas, caí dormida.

Me empecé a asustar, pues era casi a diario y no es normal. No traigo desveladas acumuladas, no ando cansada ni nada que me haga dormirme de tal forma. Me dijeron que traía narcolepsia. Sí. Narcolepsia. Esa palabrita rarísima. Se me quitó por unos días, pero ahorita otra vez ando con este sueño pegado a mis ojos. Ayer fui al cine y me empécé a dormir a mitad de la película.

Voy a ir a consultar de nuevo, pero empiezo a pensar que es por las pastillas que estoy tomando. Creo que no he dicho que después de las quimioterapias voy a seguir en tratamiento durante cinco años y tengo que tomar una pastilla diaria. Bueno, pues parece que esa pastillita es la que me está provocando este sueño. Si así voy a estar durante cinco años no sé que voy a hacer…

Cuatro piquetes y nada

Eran gruesas y fuertes. Otras eran suaves, flexibles. Pero todas se dejaban ver enseguida, presumiéndose a sí mismas. Ahora son delgaditas, frágiles. La que atraviesa la fosa del codo está tan dura que parece la cuerda de una guitarra. Mis venas se esconden, tienen miedo….

Ayer fui muy temprano al hospital a que me hicieran unos estudios para mi primera consulta después de haber terminado mis quimioterapias. Un examen de sangre, una radiografía y un eco del hígado. Nada del otro mundo.

El problema fue a la hora de sacarme la sangre. La enfermera me picó una vez y nada. Me buscó otra vena, me picó con la aguja y nada. Me buscó otra y tampoco. Como que se hundían. Desaparecían cuando entraba la aguja. Entonces le habló a otra enfermera para que le ayudara. Me buscaron otra vena… y nada. Tampoco quería. Y en el otro brazo (el derecho) no podían porque es el lado donde me operaron.

Total, tuvieron que picarme en un dedo para llenar gota a gota el tubito. Y ahora me quedaron unos moretoncitos chiquitos en el brazo. En dos meses tengo que hacerme otros exámenes, a ver si para entonces mis venitas ya están mejor.

Amo mis pelitos

Finalmente mi cabello ha empezado a salirme, ya traigo la cabeza llena de pelillos güeros güeros.

Me han dicho que después de someterse a quimioterapia el cabello crece diferente, que es mejor, más bonito, pero a mí nada de eso me importa. Amo a mi cabello tal cual era y ojalá así siga. En esta semana subiré una foto para que vean mis pelitos.

También me están creciendo ya en las piernas y las axilas, y esos sí me gustaría que no saliera ninguno, pero juro que hasta los veo con mucho amor. Son la muestra perfecta de que mi cuerpo ya se está recuperando, que está volviendo a la vida y eso pues claro que me pone muy contenta.

Mi brazo izquierdo todavía me duele cuando lo estiro y todavía siguen ponchadas mis venas, no sé cuánto tiempo tarden en sanar por completo, pero espero que sea pronto.