Abril agridulce

Abril me ha dejado con un sabor agridulce en mis recuerdos. A finales de marzo empecé a pensar nuevamente en buscar un departamento y salirme de la casa de mi hermana. Ya me sentía bien de salud y con muchos deseos de volver a vivir sola, de tener mi pequeño espacio. Y de no estar con ella  también.

Después de haberme ido de su casa al Barrio Antiguo, a las pocas semanas regresé a vivir con ella y durante mis quimioterapias todo marchó bonito, dulce, suave, pero ya pasado el trauma de mi cáncer mi relación con ella estaba volviendo a la normalidad.

Así que empecé a buscar y lo conseguí muy rápido. Pero en lo que empezaba la mudanza pasaron muchas cosas.

Desde marzo tenía planeado operarme de los ojos. Habrá sido en secundaria que empecé a usar lentes y no recuerdo qué graduación tenía en ese entonces, pero desde que tengo memoria ha sido muy alta. Sin lentes prácticamente no veía. Total, consulté con un doctor y me dijo que sí podía operarme. Después de casi treinta años iba a dejar de usar lentes. El gran día iba a ser el 6 de abril por la mañana. En teoría todo muy bien, muy bonito. Sería un día muy feliz para mí.

Pero ese 6 de abril, muy temprano, antes de irnos al hospital algo sin importancia desató su ira y yo me alteré muchísimo. Fue como destapar un grifo bien cerrado y no lo puedes volver a tapar porque no hay forma. Lloré mucho esa mañana. Al salir de la operación no quise regresar a su casa, me fui con otra hermana y ahí me quedé a dormir. Ahora que lo pienso debí cancelar la operación por ese día, pero en momentos como ese no se puede pensar con claridad.

Al siguiente día regresé a su casa para hacer la maleta e irme a México, pues había planeado todo para tener vacaciones en mi trabajo al mismo tiempo que las de Semana Santa y así poder operarme y descansar; pero irme de su casa varios días me cayó como anillo al dedo.

A estas alturas ya tenía mi departamento rentado, me mudaría el 16 de abril. Sólo faltaba regresar y empacar. Cuando mi hermana vio las cajas por supuesto no le pareció, trató de convencerme de quedarme, pero después de lo ocurrido yo menos que nunca deseaba seguir ahí.

Tengo ya cinco meses en mi departamento, que es chiquito y blanquito y bonito, más que suficiente para mí. Estoy muy contenta, me siento bien, muy tranquila, pero aún con el resentimiento contra mi hermana. No sé si la vida me quiso dar una lección con eso, o sólo me dio el puntapié para que ya me saliera de ahí en definitiva.

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