Mi vida regia

Hace muchos años amaba Monterrey, todas las vacaciones corría a esta ciudad, me llenaba de vida y de color. Conozco la ciudad desde niña que venía con mis papás a ver a mis hermanas, sé como ir a equis lugar, de algún modo todo me es familiar, pero hoy recorro sus calles y no me dicen nada.

Monterrey sigue siendo industrioso, bonito, caliente, pero hasta ahí, nada más. No es lo que recordaba, o acaso soy yo la que he cambiado. Es casi una ciudad gringa, repleta de centros comerciales, no hay tienditas en las colonias ni tianguis.

Antes de mudarme me angustiaba pensar qué carajos iba a hacer yo acá. No hay mucho cine de arte, la gente no lee en los camiones ni en el metro. Hay pocas librerías, el Fondo de Cultura está escondido no sé en donde, así que la opción más cómoda para comprar un libro es ir a Sanborn’s. Yo prefiero ir a La Ventana, una librería chiquita que descubrí en Valle Oriente, o a Gandhi, aunque me queda más lejos. Hay una cineteca, pero tiene poca difusión y cartelera muy limitada.

Pero no todo es negativo. Hay menos propuestas, pero las hay. Me he encontrado con gente muy comprometida por hacer cosas, por abrir espacios. Está el CCF 1116; el Gargantúas con su cineclub de los martes; el próximo Fórum Universal, al que Nati (el gober) le está metiendo mucha lana y que ha causado mucha polémica, pero algo interesante ha de salir.

También esta La Rocka, un periódico underground, por llamarlo de alguna manera , pero que curiosamente se distribuye en los Oxxos. Está el Barrio Antiguo por supuesto, que se convierte en una romería los fines de semana, con sus cafés, galerías y antros. Desde las ocho, nueve de la noche las calles se llenan de regios y a las cuatro, cinco de la mañana que cierran los antros, se pueden ir caminando tranquilamente hasta la parada del camión.

Ya no me siento un ente extraño, se me está quitando la angustia. De repente, cuando voy en camión al centro, revivo por un instante viejas sensaciones, como si se destapara una cajita polvosa y olvidada.

Tengo dos buenas amigas, he visto a viejas conocidas, no me he podido subir al metro y no tengo jale todavía, pero en eso ando.

Sí. Estoy empezando a vivir momentos intensos…

2 pensamientos en “Mi vida regia

  1. yo tuve la misma impresion que tu cuando fui a MTY, sali del hotel desesperadamente buscando un tianguis y no encontre nada, tuve que comer en una plaza, y estuve caminando largo rato y me meti a una biblioteca publica que esta escondidisima en pleno centro de Monterrey, y creo que yo era la unica en toda la biblioteca jajajaja…

    pero tiene su encanto =)… como todas las ciudades…

    saludos!!!

  2. Pingback: Leyendo a Elena Garro « Mi vida regia

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