Exilios de colores

Cambiar de ciudad, cambiar de país, implican costos que pagamos de una u otra manera. Es una vuelta sin retorno, un exilio voluntario, por nombrarlo de alguna manera. Exilios con muchos matices, todos diversos, de múltiples colores y sabores, pero hay otro del que nunca se habla: el exilio familiar. Las que optamos por estilos de vida distintos tenemos que buscar y construir familias alternativas, pues no siempre tenemos la aceptación y respeto en nuestra familia de origen.

Ahorita estoy leyendo el último libro de Carlos Fuentes, Todas las familias felices, es el primero que leo de él, todavía no lo termino así que todavía no puedo decir si me gusta o no. Esto viene a cuento porque en una de las historias hay un fragmento que me retrata tal cual, en este exilio familiar en el que vivo, con una familia que es mía, pero que ya no me reconoce. Aquí se los transcribo:

Yo le juro a usted que un cacho enorme de mi alma seguía amarrado a la vida que dejé, al pueblo, al mercado, al ruido de burros y cochinos y guajolotes, los lechos de petate, las cocinas de brasero, los guisos pobres, los olores ricos… Sólo que al regresar al pueblo los domingos y días de guardar, era como ofender a los que se quedaban, refregarles en la cara que yo pude salirme y ellos ya no. Le juro que no es purita sospecha. Un día volví por puritita emoción, señora, eso que ustedes llaman “nostalgia”, y primero nadie me reconoció pero cuando se corrió la voz,
“Es José Nicasio que ya regresó”
me miraron con tanto rencor unos, avaricia otros, distancia los más señora, que decidí ya nunca volver al lugar de dónde salí. Pero ¿puede uno cortarse para siempre de sus raíces? ¿No nos queda algo que duele, como dicen que sigue doliendo un brazo amputado…? No podía regresar a mi pueblo. Podía solamente regresar a las ruinas de mi pueblo y desde ahí contemplar serenamente a un mundo que era mío pero que ya no me reconocía. El mundo en denantes del mundo.

Un pensamiento en “Exilios de colores

  1. como tu quiza busqué un “exilio” aunque en su momento no lo definí como tal. hace 7 años partí a nueva york. no porque mi familia no me aceptara, sino porque la sociedad a veces cansa. cansa no tener una infraestructura. cansa decir tu verdad y ser aceptada pero no encontrar mas “mundo” que el que se acopla al tradicional. cansa no sentir la familia de tu pareja como tu propia familia. cansa el cansancio de una busqueda a veces imposible. nada peor, si me preguntas, que la “tolerancia”. quien busca eso? yo no. yo busco el respeto y la admiración por el todo de mi ser, no tan solo por el éxito personal o el que emana de la familia. cansa tener que inventar un plan de vida y negocios que a veces contempla mudarte. mudarte solo para poder vivir como uno debe vivir. libre. felíz. y sobre todo, pleno. regresé en el 2003… fue tan placentera mi estancia de tres años en manhattan como lo fué mi retorno a monterrey, mas que nada derivado de la muerte de mi papá. hoy por hoy abrazo a monterrey como mío, adoro mi gran pueblo, si no mi gran manzana si mi gran “fresa” (ja, ja!). ya hasta “heché” raíz aquí, en la “sultana del norte”. he vivido en muchas partes y quizá es lo que tuve que hacer para re-encontrarme aqui nuevamente, a mis 42 y FELIZ de estar aqui. de ver los avances que veo… sera la edad? será la tranquilidad que los años dejan en su paso? no se… solo espero disfrutes monterrey… no esta tan mal… lo único es el calor nefasto de 45° que a veces nos regala esta ciudad. bienvenida olivia. espero que en tus multiples “exilios” encuentres tu casa (figurativa y literal) y la paz que eso brinda… mejor regalo ninguno.

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